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Ex trabajador de Radio Nacional de España, de ahí el título de este Blog.

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10 mayo 2006

Lisboa

Cuando nos propusimos ir a Lisboa lo quisimos hacer en coche porque todo el mundo nos decía que estaba a tiro de piedra, pero claro, nadie nos advirtió que la piedra la lanzaba un tirachinas-turbotdi-mp3-DVDtermomix-.
El viaje me pareció un poco largo, pero no así a las “chicas” que venían con Tetus y conmigo. Para el viaje nos surtimos de varios CD, el de RNE de la historia del pop y el rock de los 80 –disco doble con 40 canciones-, el de Rosario, el de la Niña Pastori, más los que llevo fijos en el coche, que serán unos 10. Pues bien no pusimos ninguno porque las mujeres no pararon de hablar en todo el camino. Hay que ver lo que se puede hablar en unas 6 o 7 horas. Nostros:
- ¿ Qué Tetus, como ves lo del Alavés?.
- Umm, Uff.
Escueto, sintáctico, pragmático, homérico. TODO DICHO.
(Traducción para los no entendidos en materia masculina futbolera y en especial para que las mujeres sepan que nos dijimos sin tanta palabrería): Pues si Tito-felix: vamos de culo por culpa de ese impresentable que es "el Piterman", no se si saldremos de esta y lo más seguro es que bajemos a segunda. Si suena la china, que no sonará, a lo mejor nos salvamos y tendremos que soportar otra temporada al besugo del presidente, por otra parte el equipo no es lo que llegó a ser cuando jugamos la final de la UEFA contra el “Liverpul”….
No continuo porque la explicación ocuparía todo el blog, pero para que se hagan una idea eso es más o menos lo que nos contamos con esos escuetos: Umm y Uff. Este don es por lo que nos admiran ciertas mujeres, la mía por ejemplo, aunque me eche en cara lo poco que hablo.
Hace unos años ir a Lisboa en coche desde Madrid se hacía en pocas horas, pero ahora, como nos han “colgao” el slogan: “Ponga un radar en su vida” y “No corras que eres un asesino criminal”, hay que respetar las velocidades reglamentadas porque el disgusto puede ser “muuu” grande. “Asin” que andando lontano llegamos a nuestra cita con el destino: Lisboa.
Que decir de Lisboa.


Pues que es altamente recomendable. Que es mágica. Que es PORTUGUESA, más adelante descubrirán porqué. Que es SAUDADE – defino: Es una de las palabras más importantes de la lengua portuguesa. Es la raíz del fado; se trata de una voz que contiene la esencia de la vida, la tristeza y la alegría, el pasado, el presente y el futuro en un instante simultáneo - . Que es preciosa ¡Joder!.
Como dice la cancion: Si vas a Calatayud pregunta por la Dolores…, pues si vas a Lisboa no preguntes por este GUIRI: ¡ Ni se te ocurra hacerle una foto!.
Yo como iba de guiri, en minúsculas que en mayúsculas son los “otros”, se me ocurrió retratarle como sin querer. Hay que ver que retahíla de insultos, eso sí es “GUIRILÉS”, nos despachó. Nosotros como solo sabemos inglés para un cinco, casi ni nos enteramos, - unos “Young GUIRIS” que estaban a nuestro lado se partían de risa por los improperios -, eso me dio la pista de que no oía focker o algo parecido refiriéndose a la aviónica sino a otra cosa más desagradable. Teníamos tres opciones: “Ni puto caso”, cantarle las cuarenta, o “soltarle tres sopapos para que recordara a su madre en vez de la nuestra”; hicimos lo primero lo que le mosqueó aún más.
En las guías te enseñan lo que hay que ver en Lisboa, yo apruebo la moción.
El barrio de La Alfama tiene fama - ¡Que Gracioso! -.
- Hay que tener “Cohones” para comer en sus numerosos restaurantes -, así lo explica y dice, más o menos, la guía “Pichelin”, nos leía y releía con mucho “jarte” mi mujer, que es la experta y encargada de dictarnos todo lo que dicen las guías en las ciudades donde vamos: … En la Alfama hay que degustar la comida portuguesa en los pintorescos y numerosos restaurantes que regentan humildes familias, eso sí, no hay que hacer ascos…., el panorama era de lo más desolador: ¡A comer¡. Después de mirar y remirar nos decidimos por uno cualquiera. Allí coincidimos con otros guiris, en minúsculas, que tardaron en decidir mucho más que nosotros y resultaron ser de Bilbao. La comida, bacalao por supuesto, muy rica. Eso sí, no he explicado aún que, lo único o casi lo único que comimos fue BACALAO. Bacalao a la brasa, en un sitio lo ponían de una manera y en otros de otra, bacalao con patatas, bacalao desmigado, bacalao…. Una delicia de bacalao. Aun recordamos con nostalgia el que nos metimos entre pecho y espalda en el norte cerca de Galicia: Bacalao al buen Jesús. ¡Joder que bacalao más rico! Y eso que mi amigo Tetus, no el buen tetus del bacalao sino mi amigo, no estaba por la labor al principio, pero cuando nos lo pusieron en la mesa no hubo discusión.
En la Alfama se encuentran situaciones, ¿como se lo podría explicar yo?, la podíamos definir como “almodovianas”, para muestra este botón.
lavabo del restaurante donde comimos
¡Que decir de los demás barrios típicos: El Chiado, el Alto, el Bajo....!.
Hay que cenar en un restaurante del barrio Alto donde te sorprendan con un recital de Fado.
Elegimos "El Caldo Verde", nos amenizaron con un sabroso bacalao y nos degustaron con un magnifico fado, ¿ O fue al revés?.
La presentadora: Piedade Fernandes, fadista de cierto prestigio, nos encandiló con una buena colección de fados. Ella daba paso a otros artistas, todos aficionados, que se arrancaban con mucho ímpetu, entre estos entró a saco el dueño del local que abandonó la puerta un rato para emocionarse con unos cuantos y volver más tarde a la misma para reclutar mas clientes.
Piedade, mujer menuda, sensible, con voz sensual, nos obsequió con una canción en castellano al final para dejarnos un buen sabor de boca, eso sí, nos obligó a cantar con ella. Los demás GUIRIS nos miraban como diciendo: ¡Si se la saben!.
Recomendación: Lisboa, sin prisas. Alrededores: Sintra, Santarem, Nazaré, Fátima por lo religioso y por la soberbia colección de "Pongos" que vimos. De vuelta a casa: Evora, magnifico pueblo amurallado
Otra cosa, todo Lisboa es zona azul, y los viernes se colapsan todas las autovías de la ciudad, o por lo menos eso nos pasó a nosotros. Conducid por la derecha y despacio porque las indicaciones brillan por su ausencia y te das de bruces con la salida.
P.D. si no saben que es o que son los pongos, pues muy fácil: es "eso" que te regalan y te dices, ¿donde lo "pongo"?.





























































01 mayo 2006

Los Gamusinos

En "Vive como quieras", magistral película de Frank Capra, un personaje secundario, la madre, hace de escritora o por lo menos aspira a ello porque por error llevaron una máquina de escribir a su casa, y como ya tenía la máquina....

A mí me pasó algo similar cuando compré mi primer ordenador. Rememorando a Spring Byington, la madre en la película de Capra, como ya tenía el procesador de textos y jugando a ser escritor me decidí a escribir un cuento para mis hijos.
Titulé la obra: Los Gamusinos. Espero que os guste.

P.D. A los que seáis capaces de llegar hasta el final, me gustaría que dejarais un comentario de lo que os ha parecido la historieta.




Una tarde fría y lluviosa de Otoño, Sara y Pepito juegan en la buhardilla de su casa. Son, dice tía Justina, como dos gotas de agua en lo humano y como el agua y el vino en lo divino.

Sarita tiene 9 años, aunque ella dice que tiene 13. De mayor quiere ser escritora, médica, escultora, aviadora, aventurera y no sé cuántas cosas más. Su madre sabe que será actriz por lo “teatrera” que es.

Pepito tiene 6 años y realmente parece que tiene 4. Le gusta jugar, jugar y jugar. Se diría que ha venido a este mundo solo para jugar. De mayor quiere ser “pequeño”.

-¡Toma, toma y toma!

-Jamás me cogerás pirata del demonio.

-¿Ah no?. Por las barbas de Lucifer, has de morir bellaco, a “Barbarroja” nadie le gana con la espada.

En la cabeza de Pepito se desarrolla la batalla naval más fantástica de todas las perpetradas en la historia de la humanidad. Él, Barbarroja, junto a sus feroces bucaneros lucha contra las huestes del vil “Jack-manorrota”. Blande la espada de derecha a izquierda de arriba a abajo. A su hermana le parece que espanta las moscas.

En verdad, la buhardilla donde juega Pepito, se parece más a un galeón del siglo XVI en plena batalla contra los corsarios, que a un ático de un chalet adosado a las afueras de Madrid.

Esparcidas por el suelo hay espadas de... pirata, cimitarras, sables, cortas de romano, dagas, floretes, puñales... (todas de la mejor calidad que ofrece la tienda del centro comercial “El Chollo -Todo a Cien”). También hay escudos, cascos, corazas, arcabuces, rifles tipo winchester, y sobre todo pistolas: pistolas grandes, pequeñas, con cartucheras, trabucos, revólveres... Algunas están un poco rotas pero no hay nada como un poco del “Superglú” de Papá.

A Pepito le fascinan los juegos de peleas. Disfruta igual si lucha en el Caribe contra los piratas o, si es un pirata sanguinario en busca de fortuna o, si es un centurión romano desplazado en las Galias o, si por el contrario es el gran jefe Nube Roja en campaña contra los “cuchillos largos”. El caso es sacar todo el arsenal, esparcirlo por el suelo y escoger en cada momento el artefacto mas apropiado para acabar con el enemigo más feroz y encarnizado que su imaginación es capaz de crear.

-¡A mí mis valientes!

- No huyas cobarde, he acabado con 50 y tú serás el próximo.

-¡Venderé cara mi derrota!

- Pues. ¡¡ Toma, toma y toma!!. ¡¡Muere gusano!!

- AAAAAHHH,

- ¡Pepito, quieres dejar de chillar tanto, no me puedo concentrar con semejante ruido!.

Sarita está leyendo una novela de misterio, de esas que se han puesto de moda últimamente. Cuando cae un libro entre sus manos, a su hermano le toca jugar solo durante el tiempo que tarda en devorarlo

- Buuueeno, estaaá bieeén, -dijo su hermano un poco resignado.

-¡Jolín Pepito! Llevas toda la tarde haciendo ruido.

-¡Claro, como no quieres jugar conmigo me aburro! -Le reprochó a Sarita malhumorado-.

- Siempre pones la misma excusa Pepito, sabes de sobra que a mí los juegos de peleas no me gustan, y además, ¿cómo que te aburres? Te has pasado toda la tarde matando: Indios, piratas, fenicios...

-¡No eran fenicios!. ¡Eran romanos! le cortó bruscamente Pepito

- Y a mí que más me da, el caso es que no has parado hasta hace un momento y... mira como has dejado el suelo- le dijo señalando con el dedo índice toda la habitación-. Cuando suba mamá y vea cómo lo has desordenado nos va a castigar a los dos.

Pepito buscó, buscó y rebuscó con la mirada hasta que...

- Allí hay una muñeca tuya -sentenció Pepito queriendo con ello cargar a su hermana el reparto de la recogida de juguetes-.

- Pues no pienses que te voy a ayudar.

-¡MAAMAAAA, Sarita no me quiere ayudar a recoger los juguetes! -Gritó como de costumbre Pepito -.

- Eres un “chivota” y un cara y además te digo que un “PIESLARGOS” te va a coger esta noche.

Sara sabía del miedo de su hermanito a lo desconocido y de la reacción de este. Sin mediar palabra y en un santiamén recogió y ordenó la buhardilla.

-¡¡Chicos, a merendar!!- Se oyó la voz de su madre a lo lejos-.

- Ya bajamos mamá -dijeron al unísono-.

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- Uuuuaah, me aburro mucho Sarita-dijo Pepito estirando los brazos y el cuerpo como si fuera un gato adormilado-

- Jó, que pesado te pones, llevas toda la tarde igual.

- Oye Sarita, cuéntame un cuento. Pero, que sea bonito ¿eh?.

- Está bien, pero prométeme que estarás calladito.

-¡Vaaaale!

Sarita prepara el relato yendo de aquí para allá, cogiendo esto soltando lo otro, haciendo como que hace. Dramatizando. Se sienta por fin.

Pepito removió unos cuantos juguetes dejando un hueco vacío, cogió unos cojines y se acurrucó al lado de su hermana.

Sarita adopta un aspecto dramático digno de los mejores actores de teatro trágico. Los ojos de Pepito se abren de par en par.

Sarita prepara el ambiente: Faz seria, ojos perdidos en el infinito, la cabeza alta, una mano en el pecho y la otra en alto, el silencio es sepulcral, sólo es roto por el tintineo de las gotas de lluvia que golpean el cristal de la ventana. Se percibe una ligera brisa de aire que entra por la chimenea.

- EL CUENTO DE LOS GAMUSINOS -Dijo Sarita con voz grave y trágica-.

- ¿Qué son los Gamusinos?.

-! Ya lo verás!. Cállate y escucha.

Pepito, frunció el ceño por la respuesta de su hermana.

- Londres a princ...

-¿Que es Londres?, - volvió a preguntar Pepito ansioso por saber ya todo el relato.

- La capital de Inglaterra... O te callas o no te cuento la historia. -Dijo Sarita, muy enfadada, por tanta interrupción-.

- Pero.. Empieza bien, como empieza siempre el abuelito, - le indicó melosamente Pepito, intentando limar asperezas, por el enfado de su hermana.

- Esta es una historia más verdadera que las verdades de San Froilán, que nunca mintió y por eso fue santo. ¿Te gusta así?

-¡Sí! -Reafirmó Pepito, con una amplia sonrisa-.

- Pues esta es una historia más verd... Londres a principio de siglo. -Cambió el tono de Sarita volviéndose más teatral-.

Pencil Street- mas conocida como la calle de los pintores, porque allí vivían y trabajaban muchos pintores de brocha gorda-. Nº7. Tercer piso. Ahí es donde ocurrió “TODO”.

John, nunca olvidaría ese fatídico día.

-¿Quién es John?

- El protagonista de la historia - le contestó Sarita-

- John, nunca olvidaría ese fatídico día -volvió a repetir Sarita, esta vez alargando la palabra “fatídico” una enormidad

-¿Y que pasó?.-Dijo Pepito abriendo los ojos de par en par -.

- Pues lo que, a la fuerza tiene que pasar en las casas donde hay... chimeneas. -Al pronunciar “chimeneas”, Sarita dejó de atender a su hermano recalcando un gesto de despreocupación-.

Pepito empezó a mirar de reojo a su escondite favorito, -ese sitio que, cuando se mete en él siempre le regañan-.

Sarita esperó un instante para que Pepito asimilara la situación y volviera a prestarle atención.

- Esa noche, John estaba muy preocupado por su madre. Nunca había tardado tanto en llegar a casa. Desde la muerte de su padre, era ella la encargada de llevar toda la economía familiar. -Siguió relatando Sarita-.

¿Será el mal tiempo la causa?. No hacía más que preguntarse ¿dónde estará?.

El tiempo afuera era desapacible. Lloviznaba y la niebla apenas dejaba ver tres palmos delante de las narices.

Cada rato, John miraba por la ventana intentando divisar a su madre. Las farolas de gas iluminaban muy poco la estrecha calle donde vivían.

-¿Y no tenía miedo John? -Interrumpió Pepito. Sarita no le contestó y siguió relatando... ¡Si tuviéramos dinero! -Se decía-. ¡ Mi madre no tendría que trabajar, viviríamos en una casa mejor y no pasaríamos tanto frío!. Sin querer, miró a la chimenea que estaba más gélida que el tiempo exterior.

Se oyen ruidos, John agudiza los sentidos intentando averiguar que puede ser. Las paredes crujen debido al frío. Pasa un rato y luego otro. Su madre sin venir.

Afuera, un gato no hace mas que maullar.

¡MALDITO GATO!. Vas a despertar a todo el vecindario. Gritó John queriendo romper el silencio y la atmósfera que se estaba creando en la habitación.

Miau, miau, miau, clin-clan-clon, marramamiau.

De repente, una oleada de aire abrió la ventana de golpe apagando el único candil que iluminaba la habitación. Corrió a cerrarla cuanto oyó “el primer ruido” en la chimenea.

-El relato de Sarita iba acompañado por todos los gestos y ademanes que podía imaginar. Pepito por momentos cerraba los ojos, por momentos los abría-.

Casi no entraba luz desde la calle, por lo que a tientas tuvo que buscar las cerillas para encender el candil. ¡MALDITAS, nunca están en su sitio!- Blasfemó John, impaciente por encender el candil de petróleo-.

Crack-crack, esta vez el sonido fue más nítido que antes. John intuía que ALGO había en su chimenea.

--Pepito, empezaba a moverse nervioso sobre los cojines y no hacía mas que mirar de reojo a “su escondite”--

Aquí están las cerillas. -Crack-crack-fiufiu-. Otra vez el ruido y esta vez mucho más claro. Giró la cabeza en dirección de la chimenea intentando descubrir en la oscuridad lo que era imposible ver. Abrió de golpe la caja desparramando las cerillas por el suelo. Palpó el suelo con ambas manos, tembloroso cogió una y la encendió a duras penas.

¿Qué es eso?. -Se preguntó John-. ¡ Algo goteaba en la chimenea!. Encendió el candil y a cierta distancia pudo ver que era “ ESO”.

-- Una masa viscosa y verde -- chorreaba por las paredes cayendo encima del único tronco que allí había.

Por un instante no sabía que hacer. Le temblaban las piernas. Le sudaban las manos.

¡Bartholomew!. ¿Por qué me viene ese nombre a la cabeza?.

- Bartholomew es su compañero de clase. -

Mira John, los gamusinos entran por la chimenea, -le dijo un día en el recreo- tienen tres cabezas y ocho tentáculos y lo más curioso de todo es... que babean una pasta verdosa.

-Pepito pegó un salto que dejó perpleja a su hermana-.

- Oye Sarita, ¿no has oído un “ruidito” en la chimenea?.-Preguntó con más miedo que gloria-.

No había sucedido nada, pero Pepito a esta altura del relato ya veía fantasmas por todas partes.

- Pues la verdad, ahora que lo dices... ¡SÍ!.-Dijo Sarita en un tono muy convincente echando más leña al fuego. Tras una pausa valorativa para que Pepito se autosugestionara más prosiguió.

-¿Pero, quieres que te siga contando la historia, o no? .

Pepito se armó de valor, sabiendo que esa noche no podría dormir.

- Bueno, -dijo en un tono dubitativo- pero déjame ponerme a tu lado.

Se colocó enfrente de la chimenea muy pegado a su hermana queriendo controlar el entorno.

A cada palabra de Sarita no hacía mas que mirar a la chimenea, y de paso a toda la habitación de reojo.

- John cogió el candil de petróleo y se quiso acercar a la chimenea, -siguió relatando Sarita-, pero no podía andar.

Le pesaba el miedo, le pesaban las piernas, le pesaba el candil en la mano, le pesaba la voz de “Bart”... Los Gamusinos... Los Gamusinos... Los Gamusinos... Mi madre, ¿cuándo vendrá? -Se preguntaba John una y otra vez -. Pero, lo más curioso de todo es que, una voz interior le incitaba a ver lo que había dentro de la chimenea.

Un paso... Otro... Más tarde otro...

Santa María madre... -rezaba John con todas sus fuerzas-.

Cuando estaba a unos palmos de la chimenea, agachó la cabeza para mirar con decisión.

Fiu-fiu, clan-clin-clon - el ruido estaba ¡AHÍ!-

Una ráfaga de aire volvió a apagar el candil. La estancia quedó más oscura que la antesala del infierno. El candil cayó al suelo haciéndose añicos. Tragó saliva, se quedó quieto, paralizado. John notó que algo le tocaba.....

¡¡MAAAMAAAAAAAA !! -Pepito salió escopeteado escaleras abajo-.

Se diría que las bajaba de tres en tres. Le faltó el canto de un duro para caerse cuatro o cinco veces al suelo. Los cuadros, con motivos de la caza del zorro en Inglaterra, que adornan la pared de la escalera - regalo de tía Justina - se contagiaron de la veloz carrera de Pepito. Traqueteaban sobre sus escarpias al paso de éste y parecía que los jinetes, caballos, perros y zorro incluido perseguían realmente a Pepito.

- ¡Maamaaaaa. !

-¿Qué té pasa Pepito, donde está Sarita, no te habrá pegado verdad?. - Dijo su madre atropelladamente al ver a su hijo tan nervioso-.

Pepito no podía articular palabra. Quería expresar en un instante todo su miedo, toda su angustia... Sudaba más por el “canguelo” que tenía, que por la veloz carrera que se había pegado. Agarrado a las piernas de su madre no paraba de decir: Los ga, los ga, los ga......

- ¿Los gaaa? - Interrogaba su madre-.

Después de tragar saliva varias veces, de mover las manos, agitar los brazos...

- Los “GAMUSINOS”. - Llegó por fin a decir Pepito, con voz grave y un tanto enigmática-.

- ¿Qué gamusinos son esos Pepito?

- ¡Cuales van a ser... los de la chimenea!

-¿Chimenea?.

-¡Sí mamá!, la de John, la nuestra...

-¿John?, ¿qué John es ese Pepito?

-¡Pues el de Londres!.

Su madre estaba hecha un lío. Cogió a Pepito en brazos, le dio cuatro besos y le intento calmar.

-¡ A ver Pepito!, cuéntamelo todo desde el principio.

La imaginación de Pepito era si cabe mucho más “florida” que la de su hermana. Juró y perjuró que había un bicho llamado “gamusino” en la chimenea de la buhardilla.

- Mira, si te parece, -dijo la madre muy sosegadamente queriendo calmar a Pepito- vamos a mirar en la enciclopedia la palabra: GAMUSINO y verás como no es ningún monstruo.

Pepito no las tenía todas consigo, aunque era tradición familiar que, cuando había alguna discrepancia sobre algún punto concreto se consultaba el libro “gordo”. Y lo que venía en la enciclopedia iba a misa.

- Mira: Gamozo. Gamu. Gamuno. -La madre seguía con el dedo las palabras que venían en el libro, mientras Pepito miraba con ojos incrédulos las palabras que allí venían-.

- ¡¡¡GAMUSINO!!!. Aquí está, -dijo su madre con aire de victoria-. Animal...

- Ves eso te decía yo - interrumpió Pepito bruscamente la explicación de su madre-

- ¡Déjame terminar! -Le reprochó más con la mirada que con la voz y continuó con el relato-.

- Animal, cuyo nombre se usa para...

- y aquí se paró porque el resto era ilegible-

- No lo entiendo -dijo su madre-, parece como si la hoja se hubiera doblado cuando se imprimió el texto y no se puede leer lo que pone. Aquí parece que pone chi... pero no esta nada claro.

Al oír Pepito algo parecido a chimenea increpó a su madre:

-Ves, ves, yo tenía razón. Aparece por la chimenea... con muchas cabezas y tentáculos. - Pepito lo tenía clarísimo -.

La madre quería aparentar un aire de serenidad ante su hijo, que desde luego no conseguía, en su fuero interno sabía que en esa casa había una reina del miedo, y esa reina era ella -

¡ Hoy día pasan muchas cosas raras! - pensaba -, y para alimentar más el ambiente, no se le quitaba de la cabeza el monstruo de la película “LA COSA” que José - su marido - había alquilado el día anterior.

- Por cierto, ¿ dónde está tu hermana?, hace un buen rato que no se la oye - preguntó algo nerviosa -.

-¡Seguro que la ha cogido el gamusino!. -sentenció Pepito-

- Vamos a subir a la buhardilla a ver qué hace Sarita.

Cogió de la mano a Pepito, cruzó el porche de entrada y cuando se disponían a subir las escaleras apareció de repente José.

-¡AAAAHHH! qué susto nos has dado! -Gritaron casi al unísono madre e hijo-.

José dio un beso a ambos como siempre que llega a casa. Se quedó un poco perplejo ante las actitudes de su mujer y de Pepito. Les notaba nerviosos.

-¡Papá, papá, a Sarita la ha cogido un gamusiiino!.- Se apresuró a decir Pepito, enfatizando lo de gamusino y alargando mucho la “i” -.

-Mira José yo no sé que pensar -dijo la madre un poco alterada y con un semblante serio-, el niño me ha contado una historia de no sé qué bicho en la chimenea y ahora nos disponíamos a subir a la buhardilla.

- Los GAMUSINOS papi, los GAMUSINOS, -volvió a insistir Pepito antes de que su padre dijera algo-.

El padre perplejo ante semejante panorama, actuó como un autómata.

- Vamos a subir a ver a Sarita para que nos explique, que es lo que esta pasando aquí.

Subieron las escaleras con paso firme. El padre primero, la madre en segundo lugar, y Pepito a trompicones, agarrado a la falda de su madre.

Llegaron a la buhardilla y... ¡allí no había nadie!.

Se encontraba como siempre que juegan los niños

- Una auténtica leonera, - sentenció la madre poniéndose los brazos en jarras y moviendo la cabeza de arriba abajo, - parecía que se iba a arrancar con una jota Aragonesa --.

- ¿Sarita?, ¿Sarita? - Llamaba el padre, mientras buscaba por los sitios donde se podría esconder-.

-¡Se la han comido los Gamusinos!.-Dijo Pepito medio llorando, culpándose de todo lo ocurrido-.

-¡Calla Pepito!- dijo la madre-, que me pones nerviosa

-¿Sarita?.- Volvió a llamar el padre, esta vez con un poco de angustia-.

-¡¡¡CRAS-CRAS-FFIIUU-CRAS! ! !.-Se oyó dentro de la chimenea-.

Padre, madre e hijo dieron un respingo del susto que se llevaron.

- Los “gamus”-dijo Pepito, agarrándose a las faldas de su madre-

-¡Anda Pepe!, ve y mira dentro de la chimenea. -Dijo la madre aferrándose a su hijo pequeño y quitándose el muerto de encima-.

José dudando miró a su mujer, miró a Pepito. Volvió a mirar a su mujer. Parecía un cordero que va al matadero. Se iba poniendo blanco por momentos. Su cara pedía clemencia a gritos.

La madre con los ojos le indicaba la chimenea y, con un leve movimiento de cabeza le insistía: ¡venga, ve y mira dentro!.

A José no le quedó más remedio que ejercer el papel de esposo y padre, porque desde luego lo suyo no era la valentía. Eso sí, él solía predicar que valiente sí que era porque estaba escrito, firmado y rubricado en su cartilla militar. Tragó saliva, dudó un poquito, miró a derecha e izquierda, divisó el bate de béisbol de su hijo, le agarró con fuerza y... Se dirigió hacia la chimenea.

Viendo la valentía del padre, Pepito se deshizo de su madre y cogió de entre sus juguetes la que, para él, era la espada más terrorífica de todas... La espada bucanera.

Padre e hijo, este agarrado a la pierna de su padre, se dirigieron hacia la chimenea. La madre, mordiéndose las uñas, miraba un poco impaciente la escena.

Muy lentamente se aproximaban a la chimenea - uno blandiendo el bate, el otro enseñando la espada en tono amenazador -.

-¡Tranquilo Pepito!. -Se autoanimaba el padre-.

-¡Yo te ayudo papi!.- Decía el hijo con más miedo que otra cosa-.

Llegando a la chimenea, el padre se agachó lentamente, - Pepito hizo una retirada táctica hacia las faldas de su madre - eso dijo él más tarde --

La tensión era enorme. El padre con los ojos fijos en la boca de la chimenea sudaba gotas de tinta, la madre inclinaba la cabeza al son que lo hacía el padre y el hijo imitaba a su madre en un intento de no ser menos.


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-¡HOLA!. - Se oyó a sus espaldas. -

Dirían las crónicas que no hubo un grito más profundo ni más salvaje en la historia familiar. Desde ese momento y hasta el final de los tiempos, cada vez que se quisiera comparar un grito de terror con el originado por: el padre, la madre y el hijo, no había la menor duda: Ese fue el GRITO y lo demás pamplinas.

-¿Pero qué pasa aquí?. Dijo de nuevo la voz.

-¡Hola tía Justi!- Se apresuró a decir Pepito relajando un poco los nervios de toda la familia-.

-¿Cómo has entrado?. -Dijo la madre sorprendida aún con la cara desencajada-.

- La puerta estaba abierta y como oía ruidos en el ático... Pues subí. -Dijo tía Justina de lo más natural- Además venía a daos una noticia... A todo esto, ¿ qué haces con el bate de béisbol en la mano Pepe?.

-¿Bate?... ¿qué bate?...¡ah sí! El bate... -después del susto no sabía si iba o venía, si reía o lloraba. Estaba hecho un verdadero flan. -

-¡Los gamusinos! -Dijo atropelladamente Pepito-.

-¿Queeeeeé?. - Dijo Justina -

-¡La chimenea!.- Dijo la madre -

-¡El bicho!. - Dijo el padre -

-¿ Bicho, chimenea, gamu.....?

-Echaos a un lado. -Dijo Pepe armándose de valor interrumpiendo a Justina, asiendo el bate con energía y moviéndolo de arriba a abajo -.

-¿Pero, se puede saber qué demonios pasa aquí?- dijo Justina cansada de que nadie le explicara nada.

-¡Psss!. ¡Silencio todo el mundo!- dijo Pepe dirigiéndose de puntillas hacia la chimenea.

Mientras Pepe se dirigía lentamente hacia su destino, Pepito se agarró a su tía y le susurró al oído:

- Mira tía Justi, a Sarita la ha cogido un gamusino y se la ha comido.

En ese mismo instante, Pepe agachó la cabeza introduciéndola bruscamente en la chimenea.

Allí no había nadie. Ni Sara, ni gamusinos, ni el pirata Rogers, ni el susum cordam.

- ¿ A quién buscáis...? , porque si es a Sarita la he visto jugando en la calle con su amiguita, la del chalet de al lado, y... Si es al gamusino ese, lo he visto largarse volando.- Dijo tía Justina con un tono irónico y burlón.-

-¿Qué?. ¿Cómo?. ¿Cuando? -dijo la madre aturdida, preguntándose cómo habría salido Sarita sin haberla visto.

Aquello era un mar de dudas.

-¡Vamos a ver! - dijo en un tono autoritario tía Justina - os vais a sentar los tres en el sofá y me vais a contar todo desde el principio para que así nos enteremos qué es lo que ha pasado aquí.

-El niño me ha contado una...

-¿Volaba el gamusino...?-interrogó Pepito a tía Justina interrumpiendo a su madre -

-¿Yo... El niño... Mi esposa...? - se disculpó José cortando a su vez a Pepito-

El único que lo tenía claro era el hijo, los padres esquivaban el bulto como podían.

- No me digáis más, ayer visteis una película de “miedo” y hoy pasa lo que pasa. ¿ O no es así, eh?, mira que os tengo dicho: No veáis películas de terror... ¡ Parecéis niños!.

- El rapapolvo que les estaba dando tía Justina les hacía bajar la cabeza de vergüenza y ponerles la cara colorada. -

-Francamente, - prosiguió tía Justina - con lo miedosos que sois los dos y lo que os gusta sufrir viendo “pelís de miedo”... Me huelo que Pepito con su fantástica imaginación ha sido el causante de este desaguisado, ¿me equivoco en un tris o acierto en un tras?

-¡Oye tiíta!. ¿Cómo volaba?. ¿Cuántas cabezas tenía?. ¿De qué color era? - Preguntó atropelladamente Pepito-.

Al ver a Pepito con los ojos como platos mirando a su tía, estallaron en una estruendosa carcajada.

-Hay que ver como nos involucra tu hijo con sus historietas. - Dijo Pepe dando un beso a su esposa -.

-Ven aquí sobrino de mi alma, -dijo tía Justina cogiendo en brazos a Pepito- te vas a enterar de los cuatro besos que te voy a dar.

- Por cierto, ¿qué noticia es esa que nos ibas a dar?. -Dijo la madre ya más relajada-

-¡A sí!. ¿Os acordáis de aquella tía-abuela que vivía en Brasil?. Pues ha decidido donar en vida lo que no verá ya muerta y según parece estamos en su testamento.

-¿Cómo se llama...?. - dijo Pepe que, como de costumbre, nunca se acuerda de ningún nombre ya sea familiar o de algún conocido.

- ¡Petronila!. - Dijo su mujer-. Si hombre, que se casó con Facundo, y se fueron a Brasil siendo muy jóvenes. ¿ No te acuerdas que cuando nacieron los niños nos enviaron unos preciosos patuquitos y ropita de bebé?.

-¡Ahhh si, ya me acuerdo!, pero, ¿no tuvieron un hijo?. - Dijo Pepe haciendo un esfuerzo memorístico -.

-¡Sí!. Se llamó Primitivo y el pobre murió de fiebres en la selva buscando fortuna. Fortuna que amasó y que al morir fue a parar a sus padres. Pero esto pasó hace mucho tiempo, tanto que nosotros casi no habíamos nacido. - Dijo tía Justina -

-¿Y qué nos va a dar?.- Preguntó Pepe en un tono indiferente -.

-Pues no tengo la menor idea.- Sentenció tía Justina- nos ha mandado los pasajes de avión para todos, incluido los niños. Iremos juntos en un vuelo que sale de Madrid dentro de seis días.

En ese momento entró Sarita en el ático, como sin tal cosa.

-¡Hola tía Justi!.-Se abalanzó sobre ella con tal ímpetu que casi la tira al suelo- Te quiero mucho tiiita. -Dicho esto, la comió a besos-.

-¿Para mi no hay besos?. - Dijo su padre un poco meloso -.

- Claro que sí papaito- aquello parecía el festival del beso -.

-¿Por cierto Sarita, cómo has bajado a la calle?- preguntó la madre un poco intrigada por la movida anterior.-

-Cuando Pepito bajó corriendo por las escaleras, pensé que se iba a caer y fui detrás por si las moscas. Luego vi que estaba contigo mirando el “libro gordo de Petete” y pensé: Tiene para rato. A este no hay quien le meta nada en su cabezota, así que, salí a jugar con Anita.

-¿Y los ruidos de la chimenea?- preguntó el padre intrigado -... ¿ quién los ha producido?.

- Pues muy fácil, - dijo Sarita con indiferencia - cuando Pepito me dijo que le contara un cuento, grabé unos ruidos en mi walk-man, lo puse en “continuo” y lo dejé dentro de la chimenea sin que me viera. Por lo que veo ha causado efecto ¿eh?.- Dijo Sarita con una sonrisa picaril.

-¡Oye Sarita!. ¿Sabes que nos vamos a ir al Brasil a ver a la tía-abuela que es rica porque un primitivo le dio dinero y se casó con Facundo haciendo patuquitos cuando era joven?- dijo Pepito sin parar entusiasmado por el viaje que iban hacer - y... ¡ Además vamos a ir en avión!. - Sentenció eufórico -.

-¿Siii Paapiii?. ¿Es verdad?. ¡Jó... Que bien!- cogió de las manos a su hermanito y se pusieron a bailar en derredor de los “mayores” -

-“¡Vamos a ir en Avión... Vamos a ir en Avión... Laralá larito viajamos en avioncito!”- cantaban los pequeños sin parar de dar vueltas.

-¡Sí en AVIÓN!- dijo Pepe -. - Y un escalofrío le sacudió todo el cuerpo-.


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-¡Papi, Papi!. ¿Ya es la hora?, - dijo Pepito dando golpes a su padre que estaba más dormido que una marmota en pleno invierno

-¿Qué...?. ¿Qué pasa...?. ¿Qué hora es...?. Pero si son las... ¡ Son las cuatro de la mañana!. ¡Pepito, vete a la cama ahora mismo!.... y como se te ocurra volver a despertarme... ¡Te coso las mangas!... ¡Ah!, y como venga tu hermana con la misma historia más tarde, ¡ os vais a enterar!. ¿Será posible...?

-¡Déjales!- dijo la madre medio adormilada y acurrucada entre los almohadones - estarán muy nerviosos por el viaje en avión y no podrán dormir.

-¡Y a mí que me parta un rayo!, ¿no?- dijo el padre un poco enfadado.-

-Anda, duérmete, que nos espera una jornada larga... Pero que muy larga. - Dijo la madre entre susurros.

No pasaron más de tres horas cuando volvieron a la carga los hijos:

-Vamos arriba, que hemos quedado con la tía Justina en el aeropuerto. -Dijo Sarita desarropando a sus progenitores, mientras, Pepito cogía la mano de su padre y tiraba de él para sacarlo de la cama.

-Vamos papi, que ya es la hora.

-Bueno, está visto que, sarna con gusto no pica. - Dijo Pepe a su esposa refiriéndose a sus hijos... - Ni a cañonazos les levantamos cada día. ¡Venga cielo! .... ¡Arriba!

El desayuno fue copioso en previsión de las horas que estarían sin comer en el avión.

El taxista suspiró de alivio cuando dejó en el aeropuerto de Barajas a la familia. Pepito no dejó un instante de jugar con una gomita que se encontró dentro del taxi, y más de alguna vez el cogote del pobre taxista fue blanco de su puntería.

- Cariño, ¿ llevamos todo?.

- Sí cielo, Llevamos todo.

-¡Los Pasaportes!

- Llevamos los Pasaportes, los documentos, los cheques de viajes, el dinero..... Llevamos todo lo que apuntamos en la lista que hicimos con Justi, así que no te preocupes.

- Pues a mi se me olvida algo. No sé qué es pero algo se me olvida. - Dijo José preocupado -.

-¡Mira allí esta Justi!. Nos esta esperando con los billetes de embarque.
Dentro del avión la madre, como de costumbre, organizó a todos.

- Tú Pepe, ponte en medio. A tu lado: Pepito, así le vigilas de cerca, y después Sarita. Justi se pondrá a mi lado para que podamos hablar tranquilamente.

Ocupaban toda la fila central del avión.

-Algo me he olvidado.... - No hacía más que repetir José -. ¡La pipa!

-¡Pero si hace cinco años que no fumas!, ¿Se puede saber qué te pasa?. - Dijo la madre un poco preocupada.

- Por lo que conozco a tu marido, me da la impresión que tiene miedo a los aviones - aseguró Justina -

¡Azafata... Azafata...!. ¿Sería tan amable de venir un momento?. - Dijo José levantando la mano -

La azafata se acercó, con una sonrisa de anuncio de dentífrico, y se inclino tanto para atender a José que casi roza a Pepito con sus pechos. Este, hipnotizado con la visión que tenía delante se quedó inmóvil, con los ojos como un búho, mirando lo que más le llamaba la atención de las mujeres.

-¿Sí?. ¡Dígame señor!.

- El avión es la mar de seguro, ¿verdad? ? Quiero decir... Vamos que... Que vuela y todo eso... Oiga, no sé qué pensará el capitán, pero a mí me parece que.....

- No se preocupe, - le interrumpió la azafata sin perder en ningún momento la sonrisa- el avión es muy moderno, vuela perfectamente, y el capitán sabe lo que tiene que hacer. Si tiene otra pregunta no dude en avisarme.- Y se fue sonriendo a diestra y siniestra sin haberse despeinado ni una pestaña -

-¡Cómo vuelvas a llamar a la azafata por una tontería como esa, te enteras!.- ¡Dijo la madre cabreada!

-¡Jó papi!. ¿Te has fijado qué “bolongos” tiene la azafata?. Tenemos que llamarla para que nos traiga refrescos y cacahuetes. - Dijo guiñándole el ojo con una sonrisa de complicidad -

-¿Qué dice Pepito?.- Preguntó la madre -

-¡Nada... Cosas nuestras! - respondió José un poco orgulloso por ese flash de madurez de su hijo, aunque algo nervioso por su “problemita” con los aviones -.

En ese momento el avión empezó a moverse para despegar.

-¡Ya nos vamos, ya nos vamos!- dijo Sarita entusiasmada -

-¡Ay, ay, ay!- Dijo José -.

-Pepe no nos montes ningún numerito, que te conozco - Dijo la madre

-Mira, mira como corre por la pista... Despegamos. ¡Yuuujuuu!

- Sarita y Pepito no perdían ripio de todo lo que pasaba a su alrededor -.

El avión se elevó majestuosamente sobre el cielo de Madrid dejando una nube de humo negro tras de sí. José no quiso ver nada. Al sentir el ruido de las turbinas, cerró los ojos, apretó los dientes, se aferró a su asiento, agarró la mano de su mujer y canturreó una canción tonta de cuando era pequeño.

Después de una hora de vuelo José se tranquilizó un poco al comprobar que sus temores no tenían fundamento. Desde luego no acababa de entender muy bien cual era su problema con los aviones. Su mujer y él gustaban de viajar mucho y nunca habían tenido problemas con los medios de transporte que habían usado. La sicología casera de tía Justina diría que era debido a que había visto recientemente “Aeropuerto” o alguna película de catástrofe aérea similar.

-¿Qué haces con esa gomita Pepito? - Preguntó a su hijo con ánimos recobrados-.

- No es una gomita papá, es un Lanzador Cósmico que dispara paquetes de energía fotónica. - Dijo como sino quisiera la cosa-.

-¡Mamá, soy un fósil anclado en el pasado! -Dijo Pepe dirigiéndose a su mujer con una mirada de cordero degollado. La respuesta de su hijo le había roto todos sus esquemas. -

-¿Quéeee?- dijo su mujer que no entendió lo que le decía su marido.

- Te decía que soy un “Viejo”, un “Carca”, un “Pasado simple”.

-¿Pero, se puede saber qué mosca te ha picado ahora?

-¡Pues muy sencillo!. Lo que para mí ha sido y sería por siempre jamás una Ballesta que dispara flechas contra el moro infiel, se ha convertido de la noche a la mañana en no se qué arma fotónica de energía cósmica.

Las caras de Justina, que había escuchado la conversación, y de su mujer pasaron del asombro a la sonrisa y de la sonrisa a la carcajada con tanta facilidad que contagiaron a Pepe y a toda la familia.

-¿De qué se ríen esos? - Preguntó un pasajero que estaba medio adormilado a otro que tenía al lado-.

-¡Ni idea! - Respondió- pero se lo están pasando de miedo.

- Desde luego querido no se puede negar que Pepito es tu hijo, sois como dos gotas de agua. - dijo la madre con ojos tiernos a su marido -

Acto seguido le dio un beso de amor, de esos que tanto le gusta ver a Pepito.

El ambiente era de lo más agradable. El vuelo iba sin sobresaltos, Pepe ya no se acordaba de “su problema”, los niños jugaban tranquilos y tía Justina y la madre “hablaban” como de costumbre (es decir, todo para ellas).

- Alicia, ten mucho cuidado con el niño de la fila nueve - dijo una azafata a su compañera-, cada vez que paso a su lado y le doy la espalda, me dispara con unos proyectiles de papel en el trasero. No veas como me está dejando el “pompis"... ¡Y se cree que no le veo!.

- ¿El que está sentado al lado del señor que tiene pavor a los aviones?.

-¡Sí, exactamente!. Le he observado durante un buen rato y te digo que ese niño es un demonio. Tiene aterrorizado a medio avión con su gomita. Habrá que decir algo a sus padres para que deje de martirizar a los viajeros.

- Eso lo arreglo yo en un periquete. Cuando vaya a servir las bebidas hablo con su madre.

La azafata Alicia y, seguramente, medio pasaje no olvidará nunca ese vuelo transoceánico. Una por el suceso que le tocó vivir y los demás por las risas y bochornos que tuvieron que pasar.

Sucedió así: Mientras la azafata repartía refrescos, bebidas, aperitivos... a los pasajeros, Pepito y Sarita se turnaban para contar chistes a la familia y por ende a todo “bicho viviente” a siete metros a la redonda. Se diría que era la velada perfecta después de la tregua unilateral que Pepito había pactado entre el resto del mundo - entiéndase pasaje - y él mismo.

Los chistes salían de Sarita y de Pepito a toda velocidad. Las risas empezaban a ser generalizadas.

- ¡ A ver niños... Mañana me traéis una redacción donde venga una Onomatopeya, dijo la maestra a sus alumnos. - Contaba el chiste Pepito, imitando la voz de su profesora -.

Al día siguiente empezaron a leer las redacciones.

A ver Juanito... Pues, estaba en casa cuando sonó el teléfono... “Rinnng, Rinnng”, entonces fue mi mamá y le cogió. Muy bien Juanito.

A ver Anita... Pues, paseaba por la campiña cogiendo flores cuando escuché... “pío, pío, pío” y una bandada de pajaritos revoloteó a mi alrededor. Muy bien Anita.

A ver Jaimito tu redacción... Pues, iba yo por la calle cuando de repente se cruzó un coche y dije: ¡ Oh, no matopella!.

Un pasajero de la fila siete que estaba oído avizor al chiste, se encontraba bebiendo un trago de whisky en el momento que terminaba Pepito. Le entró tal ataque de risa que casi se ahoga. No tuvo más remedio que escupir el líquido que tenía en la boca duchando a dos pasajeros, que se tronchaban también de risa, una fila más adelante. Otro se atragantó con un cacahuete pelado y su compañero de asiento le golpeó repetidamente la espalda para que expulsara los restos, resultado de la operación: dentadura postiza dos metros más adelante. Medio pasaje se partía la taba mientras que el otro medio se preguntaba que era lo que pasaba.

Había estado ocurrente Pepito. Su padre se calló al suelo del ataque de risa que le entró. Su tía Justina no paraba de decir: ¡ Ay, que me meo!...¡Ay, que me meo!.

Al comprobar la azafata que la situación en “su” sección se le escapaba de las manos, decidió poner remedio inmediatamente. Se dirigió como una centella hacia donde se encontraba la familia riendo a pierna suelta.

La madre reaccionó pidiendo a la familia más corrección.

- Estamos dando el espectáculo, ¡ venga, sentaos bien!.

-“Queo, queo”, ¡la azafata! - dijo el padre entre dientes y con la boca ladeada -.

Antes de decir: Tres tristes tigres, apareció la azafata con cara de pocos amigos. Llegó acarreando el carrito con las bebidas y los canapés. Observó a todos con una mirada lenta... de sargentona cuartelera. No manifestó ni “mu”. Y antes de decir: El día que yo te “quisí” fue tu madre y lo “supió”, cambió de cara y añadió con una sonrisa inmaculada:

-¿Quieren los señores tomar un aperitivo?.

- Una coca - se anticipó Sarita al resto de la familia, como si con ella no fuera la fiesta-.

- Pues... yo otra y con cacahuetes - dijo Pepito acto seguido sin dejar respirar a la azafata.

- A mí me sirve un whisky si es tan amable - adució el padre con la cara más colorada que un quinceañero que pide a “su chica” su primer beso-, y... Con almendritas si hace el favor - añadió después con una risita floja.

- A mi un zumo de tomate con poca sal y unas gotas de tabasco - demandó la madre un poco distante -.

A cada encargo de bebida, la azafata hacía un intento de cogerla del carro pero, ante tal avalancha de peticiones, esperó a que terminaran todos.

- A mí un zumo de naranja - concluyó tía Justina la retahíla -.

Ahora sí, y antes de decir: En tiempos de los “apostóles” había unos hombres muy “barbáros” que se subían a los “arbóles” y mataban a los “pajáros”, ya tenía todo preparado encima de una bandeja.

La cogió como suelen hacerlo los camareros: La mano derecha por debajo y la izquierda detrás, en la espalda. Se la ofreció a la familia. Se inclinó un poco para llegar hasta la tía Justina volviendo a poner los pechos delante de Pepito, y esta vez Pepito no dudó ni un instante. Antes de decir: Tris, sucedió.....

Pepito levantó la mano y con el dedo índice - como diciendo a un señor imaginario: ¡ Por allí se va a América! - tocó el pecho de la azafata hundiendo el dedo como si lo hiciera en un globo de agua.

La madre le reprimió: ¡Pepito!

El padre se quedó estupefacto e inmóvil.

La tía, que en ese momento se disponía a coger su bebida, se quedó paralizada viendo la cara desencajada de la azafata.

La azafata al sentir semejante acoso, se pegó tal susto que cayó de culo tirando la bandeja hacia atrás. Lo que hace un tris era una sonrisa de dentífrico y una compostura angelical, ahora es un despojo humano: Manchada de zumo, de bebidas, despeinada...

Ni que decir tiene que se armó la de San Quintín.

Cacahuetes, zumo de tomate, cocacolas..... fueron a parar a los sitios más inesperados.

La azafata, salió corriendo y avergonzada por la impotencia que le entró.

Unas diez personas tuvieron que hacer cola a la puerta del servicio para limpiarse de los restos de refrigerio que les cayó encima.

Pepito se dio cuenta enseguida que la había armado. Su padre y su madre le miraron como si su acto hubiera desencadenado la tercera guerra mundial.

-¡La que te va a caer! - Canturreó Sarita a su hermanito -.

- Desde luego hijo, hay que ver como las montas, se te deja un minuto solo y armas la revolución. ¿Se puede saber en qué estabas pensando cuando has hecho “eso”? - Le regaño su padre enérgicamente -.

Pepito empezó a hacer pucheros, y se fue a echar a las faldas de su madre rompiéndose a llorar a lágrima viva. Lloró y lloró. Ora miraba a su madre con ojos cristalinos suplicando clemencia, ora buscaba el regazo para llorar más.

- Ahora, vas a dejar de llorar y vas a pedir perdón a la azafata por lo que has hecho. - Le dijo su madre, en un tono muy sosegado, levantándole la cabeza por la barbilla y mirándole a los ojos -

No tuvo que manifestar nada más. La mirada de la madre lo decía todo.

Al cabo de un suspiro Pepito se enjugó las lágrimas...

-¿Me perdonas mami? - Dijo mirándola aún con los ojos vidriosos -.

-¡Sí hijo sí, te perdono! - Respondió su madre con el corazón encogido por el acto de contrición de su hijo.

-¿Papi me perdonas tú también?

- Claro que sí diablillo - acto seguido le dio un par de besos “sonoros” que acabaron por apaciguar a Pepito-.

-¿Y tú tía Justi?.

Ahora no era Pepito el que lloraba. A Justina se le saltaron las lágrimas de la emoción.

-¡Ven aquí sobrinillo de mi alma!.- Le dijo alargando los brazos para cogerlo-.

Si los besos del padre fueron sonoros, los de la tía no quedaron “mancos”.

-¿Me acompañas Sarita a ver a la azafata?

-Acompáñale hija para que no vaya solo, pero cuando veáis a la señorita...

- No te preocupes papi - le interrumpió Sarita -, sé lo que tengo que hacer.

Agarraditos de la mano, allá que se fueron los dos hermanos en busca de la azafata. Cualquiera que les viese, diría que eran dos inocentes criaturas que nunca habían roto un plato. Divisaron a Alicia que se estaba limpiando la blusa con un trapo, mientras que otra azafata le retocaba el pelo con un peine.

Al llegar hasta ellas Pepito se dirigió directamente hacia la agraviada, Sarita se quedó unos pasos atrás esperando que su hermano acabara la tarea.

- Señorita azafata, vengo a pedirle perdón por lo que hecho. - Dijo Pepito cabizbajo y poniendo los “morritos de piñón”-.

La azafata no esperaba la acción de Pepito por lo que se desarmó aún más si cabe. Se agachó para tener a Pepito frente a ella y mirarlo a los ojos.

Pepito levantó la cabeza, abrió los ojos de par en par, aguantó la mirada durante unos segundos, puso su mejor cara de niño arrepentido y sin previo aviso dio un beso en la mejilla a la azafata.

Alicia quedó desarbolada del todo. Miró a su compañera para pedirla consejo y vio que estaba llorando a moco tendido; ante la evidencia lloró ella también. Aquello parecía una telenovela lacrimógena. Ambas abrazadas llorando de emoción, en medio Pepito llorando no se sabe por qué también y a unos metros de distancia Sarita contemplando la escena con un nudo en la garganta.

Después de unos instantes, se limpiaron las lágrimas, cogieron de la mano a Pepito y Sarita y los llevaron a ver al capitán.

-¡Mira cariño, ya vienen los niños!- Dijo el padre a su esposa-.

Estos venían con un refresco en una mano y una maqueta del avión en la otra. Venían alegres y felices, como si hubieran pasado el día en el parque de atracciones.

-¡Jó, papi, qué chuli!. Hemos estado en la cabina viendo como se conduce el avión - dijo Pepito excitado y radiante de felicidad-

- Hay que ver como olvidan los niños los malos tragos enseguida - dijo la tía Justina a la madre viendo la cara de Pepito -.

-¡Sí hija sí, esto es así! Nosotros preocupados y... ¡Miradle!. Parece que viene del cine.

- Sarita, cuéntanos qué ha pasado - dijo el padre intrigado por el resultado de la operación -.

- Pues nada, - dijo como despreocupada - la azafata le ha perdonado y nos han llevado a que nos conociera el capitán. Al llegar a la cabina un señor que era el copiloto ha dicho: A sí que este es el “Zipi” de la clase turista. Yo no le he entendido. Luego el capitán ha dicho no sé qué de “Zape” y lo mismo... Yo me encogía de hombros porque no me enteraba de nada. ¡Eso sí! Se reían de lo lindo. Otro señor que, según parece, es el que se encarga de las comunicaciones, dijo a la azafata no sé qué de Colón con su dedo apuntando América, y todos se han reído un montón. Luego nos han dejado llevar el avión. ¡No veas qué chulada!- Enfatizó Sarita-. Nos han sentado en el asiento del capitán y hemos conducido el avión de verdad.

- Yo más tiempo que Sarita - interrumpió Pepito-.

- Bueno, luego nos han llevado a una salita donde descansan las azafatas y nos han regalado las maquetas. También nos han dado caramelos - a lo que Pepito, todo orgulloso, abrió sus bolsillos y los enseñó para que vieran que estaban llenos de golosinas- y nos han preguntado un montón de cosas: Que... ¿ Por qué vamos a Brasil?. Que... ¿ De donde somos?. ¿Si nos vamos a quedar mucho tiempo en América?, ¿Cuántos años tenemos?..... En fin un montón de preguntas.

- Lo que te digo. ¡Al cine!. ¡Han ido al cine!.- Decía en voz alta la madre-


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-¡Papá, papá, allí hay un general que tiene un cartel con nuestros nombres! - Dijo Pepito muy intrigado-.

- No es un general Pepito, es un chofer que viene a recogernos para llevarnos en coche hasta la hacienda de la tía-abuela. - Dijo su padre en un tono jocoso por la ocurrencia de su hijo-.

Hicieron una seña al chofer y a una señorita que estaba junto a él. Estos se acercaron con paso decidido hacia la familia.

-¡Hola!. Me llamo Paulina- se apresuró a decir la señorita ofreciendo su mano a los adultos -, soy la secretaria personal de Petronila. Este señor es Amaraldo, el chofer. Espero que hayan tenido un vuelo agradable.

Hablaba correctamente el castellano, aunque tenía un fuerte acento “brasilero”. A los niños les hacía gracia el alargado siseo de las eses.

- Tengo órdenes de llevarlos a la hacienda de la Señora. Iremos en el coche grande, - indicó una limusina que parecía el coche del presidente - Amaraldo se encargará de los equipajes. Si tienen la bondad de seguirme...

-¿Te has fijado Pepito qué cochazo?. ¡Vaya gozada!. ¡Qué chuli!

Los niños corrieron entusiasmados por la idea de montar en semejante vehículo.

-¡Niños no corráis! - dijo la madre, como de costumbre-

El padre miró a la madre, la madre miró a la tía, la tía miró al padre. Se escapó una risita de no se sabe donde y los tres corrieron hacia el coche. ”Mariquita el último” se oyó por lo bajini.

Entraron todos atropelladamente para ver el automóvil por dentro. Se quedaron boquiabiertos viendo el lujo y la pomposidad del habitáculo. Esta vez no fue la madre la que organizó los asientos, se sentaron donde mejor les venía para ver y tocar los automatismos del carruaje.

-¡Pepito, Sarita, no toquéis nada!

-¡Déjalos que jueguen mujer!. No pueden romper nada.

-Disfruten del viaje, llegaremos en una hora a la hacienda de la Señora. - Dijo Paulina - Iremos por la ruta turística para que admiren las maravillas de nuestra tierra, yo les iré indicando los principales monumentos que nos encontremos.

Paulina se empleó a fondo por la cantidad de preguntas que le hicieron. Cuando no era la tía era la madre, y cuando no era Sarita era su hermano el que machacaba sin piedad la paciencia de la secretaria de Petronila. El único que no preguntó fue José. Él se dio por satisfecho tanto por las preguntas como por las respuestas. Solo abrió la boca para preguntar si había bebida en la limusina.

Salieron por la autopista del interior dejando el mar a sus espaldas, y cuando se quisieron dar cuenta ya habían abandonado esta penetrando en una carretera secundaria. El coche balanceaba un poco debido al estado del firme.

- A partir de aquí empieza la heredad de la Señora. -señaló Paulina-

-¿Es muy grande? - Preguntó José -.

-¡Diez mil hectáreas!... No sé como será en España, pero en este Estado, una hacienda menor de tres mil hectáreas no se considera digna de mencionarla - dijo un poco orgullosa Paulina queriendo expresar con ello lo extenso que es “su” País.

-¿Papi, eso es mucho? - Dijo Pepito intrigado por lo de “diezmilnosequé”-.

- Mira hijo: ¿has visto nuestro jardín del adosado?. Pues... “casi casi igualito” - dijo su padre de broma-.

- Pepito, cuando seas mayor y estudies las matemáticas, sabrás que una hectárea tiene diez mil metros cuadrados, o para que lo entiendas mejor: Es un cuadrado que tiene cien metros de lado.

- Le explicó tía Justina muy doctamente-.

- Mira don José: - le dijo el padre al hijo con cierto aire gracejo, viendo que no se había enterado de nada - una hectárea viene a ser lo que ocupa un campo de fútbol. Pues bien, ahora juntas diez mil y tienes la “finquita” de la tía-abuela.

-¡Jolín qué grande es...! - Comprendió por fin Pepito-.

La finca de la tía-abuela era muy hermosa. Había de todo: animales, plantaciones de todo tipo, grandes arboledas. Se notaba la mano del hombre por donde se mirase. Todo estaba en perfecta armonía.

- Esta es la hacienda favorita de Petronila, - dijo Paulina - yo creo que es, porque fue la primera que levantó Primitivo, porque está relativamente cerca de la ciudad y... porque están enterrados en ella su marido y su hijo - dijo esto último con cierto halo de amargura-.

De las palabras de Paulina, todos advirtieron el dolor que aun sentía Petronila por la ausencia de sus seres más queridos.

-¡Ah!. ¿Pero hay más haciendas? -Preguntó Pepe intentando cambiar un ambiente que se estaba poniendo por momentos melancólico-.

- Unas cuantas más, pero de eso os hablará la señora. Yo solo me dedico a explicarles a ustedes lo que me encargó Petronila.

Por fin divisaron la casa, realmente tenía razón Paulina, era majestuosa. Rodeada de una vegetación tan exuberante y frondosa, abrazaba las paredes del edificio dando la impresión de que este formaba parte del paisaje.

La mansión, de planta rectangular, tenía dos volúmenes claramente diferenciados. Una planta baja dedicada a salones, comedores, librería, cocina... y la otra encima donde estaban los dormitorios y estancias auxiliares.

CONTINUARÁ....

¿Heredarán algo interesante?... o todo es un camelo del escritor.

¿Por qué todos tienen nombre... José, Sarita, Pepito, Justina, la tía-abuela: Petronila, la azafata, etc, etc, y no sabemos como se llama la madre. ¿eh?, ¿eh?.

¿Hay algún médico en la sala?.

¿Alguien conoce el nombre de la madre?, ¿dónde nació?, ¿cómo se apellida?, ¿dónde estudió?, ¿por qué el escritor no da más señas de la madre?, ¿acaso no tiene ni pajolera idea? o por el contrario es un capullo integral y está jugando con todas las madres del Universo al ocultar el verdadero nombre de la madre de los niños.

Todo esto y más en....... EL MISTERIO DE LOS BIOBARDOS

De venta en quioscos y librerías de postín.

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